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Cofre de oroPermítame contarle una historia familiar. Ya sé que las anécdotas familiares de desconocidos pueden llegar a ser lo más aburrido del mundo, pero en este caso creo que está más que justificada.

Veinte años atrás, tuvimos que trasladar un mueble antiguo para ser restaurado. Dicho mueble se encontraba en una masía anterior a muchas de las guerras que han asolado la península durante los últimos quinientos años. Creo que es un hecho a tener en cuenta.

Déjeme contarle la anécdota... Anécdota que en verdad no es una, sino dos. La primera es reciente, la segunda es pretérita, pero ambas están relacionadas. El caso es que veinte años atrás movimos un mueble para su restauración. Casualmente tuvimos que organizar una celebración familiar, y eso implicaba limpiar la casa a fondo. Cual cuento infantil, barriendo las escaleras me encontré una monedita. Un euro no, porque todavía no existían. ¿Una peseta? Frio, frio. Si no me equivoco, la moneda es  un medio escudo español de oro de 1758, con el perfil (creo que "jeta" lo define mejor) de Fernando VI en ella.

El escudo era una moneda de oro, acuñada por primera vez en 1535 en Barcelona, que se convirtió en la moneda principal en todo el imperio español, bajo el reinado de Felipe II. El peso de un escudo era de 3'4 gramos, así que mi monedita, al ser medio escudo, debería pesar aproximadamente 1'7 gramos.

A diferencia de la ratita que barría la escalera, no me compré ningún lazo; no soy tan presumido.

Segunda anécdota. Ahora retrocedemos setenta años en el pasado. Mi bisabuelo, propietario de dicha masía, hizo reformas, y en una de las paredes, emparedada, se encontró una olla llena de monedas de oro. Mi monedita era una de esas monedas emparedadas dentro de una olla. Desconozco cuántas eran, pero lo que sí sé es que con las monedas que había en dicha olla se sufragó la construcción entera de una casa señorial de cuatro pisos en un pueblo industrial de la costa catalana.

Ese oro había permanecido durante décadas, probablemente más de un siglo, emparedado y olvidado. La casa ha pertenecido a la misma familia por más de siete siglos, con lo que el antepasado que emparedó su oro olvidó o no quiso transmitir el secreto a sus descendientes. O quizás lo hizo, pero en algún momento alguno de los antepasados olvidó dar parte de la fortuna escondida en la propiedad. Imagino que fue emparedada durante la ocupación francesa, hace ya dos siglos.

¿Qué hubiese pasado de haber emparedado una olla llena de papel dinero? Lo primero, cien años después dicho "dinero" fiduciario no hubiese pagado ni un ladrillo de la casa en la que creció mi padre. Eso para empezar. En cambio, al ser oro, la misma cantidad de oro, ya hubiese sido emparedada ochocientos años o cinco minutos antes, hubiese comprado exactamente la misma cantidad de ladrillos, cemento y mano de obra necesaria para construir una casa. La única inflación que sufre el oro es la inflación que crea la extracción de nuevo oro...

Aunque tampoco es tal, ya que si la población crece mucho más rápidamente que la cantidad de oro minado, no existe tal inflación, ya que si bien la oferta crece, la demanda lo hace todavía más, con lo que el tenedor de oro siempre tiene las de ganar.

¿Qué aprendí de estas dos anécdotas? Bien, lo primero y más importante, aprendí que el oro es un activo cuyo valor resiste el paso del tiempo como no lo hace ningún otro activo. Pero también aprendí otra cosa muy importante: El oro se esconde bien escondido.

Nunca esconda su oro en una caja fuerte, por mucha tecnología y apertura retrasada que tenga. Emparedar su riqueza es útil, ya que es más difícil de encontrar, y para derribar un muro también se tarda, incluso más que en abrir una caja fuerte de paradero conocido. Otra opción es enterrar. Eso sí, si entierra, hágalo en un hoyo suficientemente profundo. Emparedar tiene un riesgo añadido, ya que si le expropian la casa lo tendrá difícil para entrar y recuperar su oro. Enterrar, a priori, hace más fácil su recuperación, pero también le expone tanto a testigos furtivos como a expropiaciones con posterior recalificación y construcción... Aunque, por suerte, la burbuja inmobiliaria que estalló en 2007 minimiza este segundo riesgo.

Olvídese de tener oro en papelitos, su oro debe tenerlo usted, físicamente. Usted debe poder tocar su oro con sus manos cuando lo desee. Eso es indispensable.

Eso sí, no entierre o emparede todo su oro en un mismo sitio. Ya sé que es una obviedad, pero no está de más recordársela. Tampoco tenga todo su oro escondido o emparedado, ya que necesita poder tener parte del oro de forma que pueda recogerlo para llevárselo consigo en cuestión de minutos.

Desde luego, cuando digo oro, también me refiero a la plata. Tenga también en cuenta, y creo que es un aspecto importantísimo, el internacionalizar su patrimonio. Si tiene la posibilidad, tenga sus metales de inversión guardados también fuera del país.

Pero... ¿Por qué tantas precauciones? Pues porque en cuanto la economía vaya a peor, que probablemente irá a peor, el oro se valorizará como debe, y es más que probable que el gobierno decida expropiarlo. Le parecerá una idea ridícula, pero es algo que ha pasado centenares de veces en los últimos 5.000 años; los mismos 5.000 años de historia del oro (y la plata) en tanto que dinero.

Sin ir más lejos, en 1933, para luchar contra la gran depresión, el gobierno federal de los Estados Unidos, a través de la Ley de Emergencia Bancaria de 1933, ordenó expropiar el oro de sus ciudadanos, permitiendo tan solo el uso ornamental e industrial de éste, y expropiando el resto. En resumen, se expropió todo el oro en lingotes y monedas, y sólo se permitió conservar joyas, muelas de oro, y poco más.

En un contexto así, el gobierno prohibiría comprar y vender metales de inversión, así como utilizarlos como forma de pago. La expropiación significaría que el gobierno pagaría un precio infinitamente inferior al del mercado en condiciones normales. A parte, la prohibición daría paso a un mercado negro de oro y plata en los que el precio de estos alcanzaría cotas altísimas, a la vez que se promulgarían castigos ejemplares a todo aquél que utilizara dicho mercado negro, aunque por suerte, internet y el bitcoin protegen al inversor inteligente, con lo que usted no debería preocuparse demasiado sobre cómo vender sus metales de inversión.

La historia de los últimos 5.000 años nos muestra que el oro y la plata son la mejor manera de apostar a caballo ganador cuando la economía se derrumba.


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