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Hay un experimento que todos podemos hacer, y que no nos costará ni un céntimo. Un experimento social que está al alcance de la mano de cualquiera.

No, no me refiero a comprobar la autenticidad de una pieza de oro... Es otra cosa.

Busque a un par de amigos, conocidos, o incluso desconocidos. Da igual a efectos experimentales. Quizás el el resultado varíe en función del sexo del encuestado, edad y cultura. Cuanta más gente encuentre, mejor.

A un grupo les explicará que se ha comprado una onza de oro. A otros les explicará que se ha comprado una cadena (una joya) de oro. Pruebe a imprimir dos fotos, una de la moneda y otra de la joya, por si acaso (poca gente sabe del oro de inversión, y si les habla de monedas, seguro que pensarán en numismática).

Si tiene paciencia y ganas, pruebe el mismo experimento, pero en vez de explicarles que ya se ha comprado la moneda o la joya, pídales qué creen que es mejor inversión. Aproveche para preguntarles la opinión sobre el tema, como si usted no supiese nada sobre el tema. Esto le servirá para entender la percepción de nuestra sociedad sobre el oro, y en general los metales preciosos.

 

oro-vs-oro

A priori, creo saber el resultado, o la mayoría de resultados de dichas preguntas. Me arriesgo a quedar en evidencia, pero dudo que vaya a ser así... He hablado sobre oro de inversión con conocidos, con lo que intuyo que, en general, la mayoría de la gente tiene la misma percepción u opinión al respecto.

Las joyas de oro son vistas como un excelente regalo, como objetos caros que uno regala a un ser querido y queda como un señor. Sólo hace falta ir a cualquier ciudad importante y visitar sus calles comerciales más caras. Joyerías con grandes escaparates mostrando bustos cargados de joyas con diamantes. Una mujer con joyas y ropa cara representa el estereotipo de mujer rica.

Desayuno con diamantes.

Pero ¿cuantas tiendas ha visto usted, en el centro de una ciudad de nuestro país, que vendan monedas de oro y las muestren al transeúnte? Pocas. Muy pocas. Me pateé una vez una ciudad mediana, de unos 100.000 habitantes, yendo de joyería en joyería (incluyendo relojerías), preguntando por si vendían oro de inversión. Concretamente les preguntaba por monedas de oro y plata.

La mirada que cada dependienta (o dependiente) me echaba eran dignas de cámara oculta. Parecía que les hubiese preguntado una idiotez; como si fuese un loco coleccionista de las monedas, como quien colecciona sellos o billetes antiguos.

También es curioso que no supiesen contestarme a la pregunta “¿Dónde puedo comprar monedas de oro?” Sólo una vendedora me respondió “en la tienda de numismática”, y allí me dirigí.

¿Tenían oro de inversión en la tienda numismática? Sí y no, o mejor dicho, un no con una excepción que debo matizar. Resultó que tenían un par de monedas conmemorativas del Banco de España, que son monedas de curso legal dentro del país pero no fuera, aun tener un valor facial de 30 euros (siendo, a efectos prácticos dentro del país, una moneda de euro), de plata de primera ley (una composición de 92'5% de plata con un 7'5% de cobre) y 18 gramos de peso.

Aunque es un tipo de moneda que deseo tener en mi colección, salí de esa tienda decepcionado al no haber encontrado ninguna moneda de plata pura (999 ó 999'9), que uno acostumbra a leer en una de las caras de la moneda. A saber: “plata pura”, “fine silver”, ó “feinsilber”.

Lo más curioso de la anécdota es que la propietaria de dicha tienda demostró no tener ni idea de qué le hablaba cuando le pregunté por monedas de plata de inversión. Era como si yo le hablase en chino. Y eso que se supone que hablaba con alguien del “gremio”. Pues no.

Y eso es lo que pretende el experimento que propongo. Quien atesora metales preciosos es visto como un loco, y raramente entendido por nadie de su entorno. En cambio, quien atesora joyas de oro o plata, que además no son oro puro sino aleación en la gran mayoría de los casos (sí, existen joyas de oro o plata pura, pero su mercado es muy pequeño, y orientado precisamente a los inversores en metales preciosos que quieren llevar su dinero consigo en todo momento), es visto como alguien que sabe cómo gastar su dinero.

En mi opinión, da igual si usted atesora joyas, monedas numismáticas o metales de inversión, puesto que cualquiera de los tres objetos mantiene su valor a través del tiempo, de forma más o menos estable a largo plazo (a corto plazo no hay nada que mantenga su valor, pero quien atesora lo hace pensando en el largo plazo, no el corto).

Creo que, si hace el experimento, verá cómo cambia la percepción del valor (y seguramente también precio) del oro en función de su forma geométrica. La paradoja de que una pieza de oro de mayor peso y pureza sea vista como algo de menor valor, es bastante desconcertante.


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