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plata vs coche

En el mundo hay muchos coches. Muchos. Hay tantos, que dudo que sea fácil conocer a alguien que no haya ido nunca en coche. ¿Sabe usted de alguien que cumpla los requisitos?

Según algunas estimaciones, hay aproximadamente mil millones de vehículos. Muchos son producidos cada año, y otros tantos son destruidos, y en principio el número total de vehículos crece a medida que crece la economía.

Por otra parte, se supone (y es mucho suponer) que contamos con unos 50 billones de onzas de plata (y otros 5 billones de onzas de oro).

Si en nuestra economía sólo existiesen coches y onzas de metal precioso, por poner un ejemplo, plata, podríamos calcular fácilmente cuantas onzas de plata necesitaríamos para obtener un coche.

Si dividimos el número de onzas por el número de coches, veremos que cada coche saldría a 50.000 onzas de plata.

Una economía dada, da igual si es Japón, USA o Zimbabwe, deberá especializarse y decidir si produce más coches o más onzas. Que cada economía elija dedicarse a una cosa u otra dependerá de muchos factores, pero lo que está claro es que los recursos son finitos, y el escoger producir un tipo de bien determinado, excluye el poder producir el otro tipo de bien.

Sí, claro que en un país se pueden fabricar dos tipos diferentes de bienes, pero con limites lógicos. Si el país dedica el 90% de sus recursos a fabricar coches, sólo podrá dedicar el 10% restante de sus recursos para producir onzas de plata. Y al revés. El abanico de posibilidades va del 0% de lo uno y el 100% de lo otro, hasta lo contrario, pasando por el resto de estadios. ¿Qué configuración es la óptima? ¿Será un país más rico dedicándose en exclusiva a la producción de coches? ¿O de onzas de plata? ¿O quizás un punto medio? Eso depende de las preferencias temporales de la gente. Si el conjunto de los vivos decide gastar y no ahorrar, seguramente subirán las ventas de coches y disminuirán las ventas de onzas de plata (y sí, quizás olvidé puntualizar que me refería a plata de inversión, para simplificar el ejemplo, y también, para simplificar, imaginaremos que el total de plata producida es de inversión). En cambio, si el conjunto de los vivos decide ahorrar y no gastar, seguramente sea lo inverso.

¿Por qué?

Curiosamente, en el momento que alguien compre un coche (y continuamos en mi caso hipotético), éste bajará de valor por no ser nuevo. Esta pérdida de valor es inherente a la naturaleza del uso del vehículo: una parte importante de las piezas de un coche son piezas de desgaste que deben ser substituidas. El coche en su conjunto necesita de un mantenimiento que no puede ser substituido ni obviado. El coche no es un “vehículo” adecuado para mantener nuestro poder adquisitivo. Por su propio diseño necesita de una inversión constante que si no proviene de su uso (por ejemplo, un repartidor consigue recuperar la inversión de la compra del coche, mientras que para un jubilado sólo es un pozo sin fondo) debe ser añadida del bolsillo de su propietario.

En cambio el metal no pierde su valor por cambiar de mano, ni necesita un mantenimiento extra. Si entendemos que invertir es arriesgar, podemos deducir que la compra de un coche es, por definición, de riesgo mayor que la compra de un lingote de metal precioso.

Así, a grosso modo, podemos decir que las “cigarras” optarían más por el coche, mientras que las “hormigas” optarían más por el lingote.

En sí mismo, esto no es un problema. Ni las cigarras siempre acaban con el agua al cuello, ni las hormigas se evitan todos los males del invierno, puesto que en la realidad el mundo es mucho más complejo.

Volviendo al inicio del artículo, recordemos que, en principio, tocan 50.000 onzas de plata por vehículo. A un precio aproximado de 18 € la onza, nos da que cada coche nos debería costar 900.000 €. Suena ridículo, ¿verdad?

Claro que la realidad es mucho más complicada. Aunque podemos ir más allá. De la misma manera que en los 70 hubo dos hermanos que decidieron arrinconar el mercado de la platados hermanos que decidieron arrinconar el mercado de la plata... ¿Y si a un jeque loco de remate, rico a más no poder, le diese por comprar todos los coches del mundo?

E imaginemos, por un momento, que los hermanos Hunt (los de la plata en los 70), no se arruinaron nunca y consiguieron comprar toda la plata del mundo. Y no sólo eso, sino que además enloquecieron de lo mismo que el jeque, y ahora le quieren comprar los coches al jeque.

E imaginemos que el jeque recupera la cordura, y ve que tal y como están las cosas, es mejor ir a lo seguro (plata) a lo menos seguro (coche). Sí, ya sé que es una situación algo más que improbable, pero no imposible (por la banda de la plata estuvo a punto de pasar).

De hecho, si los que defienden el “peak oil” están en lo cierto, en un futuro bien podría ser que alguien quisiese comprar todos los coches del mundo (imaginemos el caso: no hay petróleo barato para mover los coches, y la gente se mueve por otros medios... Pero el metal de los coches continúa siendo valioso, sobretodo en un contexto en el que saldría más rentable reciclar el metal que minarlo de nuevo). Luego el ejemplo, aunque extremo, nos puede servir.

Así pues, el jeque adquiere todos los coches (imaginemos que los adquiere a cambio de petróleo que todavía le queda, lo justo para comprar todos los coches), y luego los Hunt quieren comprárselos. Independientemente del valor nominal al que se valore cada onza, continuaremos teniendo el agregado de coches en existencia y el agregado de plata en existencia (para inversión).

Cada coche nos sale a 50.000 onzas de media. En la realidad, el valor de las cosas es mucho más difícil de contar, puesto que en la economía no sólo hay dos tipos de bienes, sino que hay centenares, por no decir miles o millones, de categorías y tipos de bienes distintos. Además, la preferencia temporal de cada persona es distinta y diferente en el tiempo. Hoy yo puedo preferir un coche a 50.000 onzas, pero mañana o dentro de un mes puedo cambiar de opinión. Es la suma de opiniones cambiantes la que configura el mercado y por ende determina el precio de las cosas. Es una discusión mundial a tiempo real que es casi imposible de predecir. Lo que valga el cobre hoy afecta a lo que valdrán los ordenadores mañana, y así toda la economía va encadenada. Bien a bien, servicio a servicio, todas nuestras decisiones y deseos determinan el valor de cada cosa... Incluso en mercados manipulados como el de los metales preciosos o el petróleo.

Si le apasionan los metales preciosos, le sugiero que usted se haga sus propios ejercicios mentales para entender el valor de la plata. Con el ejemplo de hoy, hemos visto cuántas onzas valdría cada coche si dividiésemos el número de coches por el número de onzas. El mismo ejercicio se puede hacer con otros mercados, para entender las proporciones y qué supone el precio actual de cada momento. Hay otros ejercicios que deben hacerse, puesto que el ejemplo de hoy es un caso extremo más que improbable.

De todas formas, impresiona que un coche pueda llegar a valer, en plata (y según las condiciones del ejemplo) casi un millón de euros, a un precio de plata que consideramos una ganga. Para que el precio de la onza del ejemplo fuese razonable (pongamos 50.000 € para hacer un cálculo fácil y tirando a lo caro) y acorde con los precios medios de los vehículos actuales (precio medio teniendo en cuenta coches y camiones y et cétera), tendríamos que poder comprar plata a menos de 1 € la onza. Y sigo pensando que, aunque el ejemplo es muy “suyo”, no deja de ser curioso.


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